EL MAESTRO Y EL VIOLIN

En una subasta pública, ante una asistencia superior a los 300 compradores se remataba un violo violín, el cual se mostró sucio, lleno de polvo y con las cuerdas flojas; al momento de exhibirlo el rematador fijó la base inicial y solicitó al público sus ofertas, se levantó una primera mano y ofreció un 10% más, después de una segunda y una tercera oferta triplico su valor y ya nadie propuso más.

El subastador estaba a punto de adjudicarlo cuando de pronto un hombre de edad avanzada pidió su consentimiento para revisar el violín, al no haber mejor oferta solicitó permiso al público para probarlo, el cual no tuvo objeción alguna, el anciano subió al estrado, tomó el instrumento entre sus arrugadas manos, con su pañuelo lo limpió, tensó las cuerdas y empezó a ejecutar una maravillosa melodía de Vivaldi, en 10 minutos el salón de remates se convirtió en sala de conciertos y el público extasiado escuchaba atentamente; cuando el anciano dio por terminado su concierto y regresó el violín, el subastador todavía aturdido, volvió a preguntar al público: ¿quién da más…? a la una, a las dos… y de pronto una voz gritó un valor diez veces mayor y otra más duplicó la oferta y así se sucedieron varias propuestas más, hasta que finalmente se adjudicó a la mejor oferta que fue 100 veces mayor al último valor propuesto antes de que el anciano tocara el instrumento: ¿Cuál fue la diferencia entre un valor y otro? Sin duda fue el Maestro que con su magnífica ejecución mostró el verdadero valor del viejo violín.

Así el líder de Excelencia en comparación a un líder mediocre puede lograr hacer que cada uno de sus seguidores cobre su auténtico valor ya que maestro no es aquel que enseña al otro lo que no sabe, sino que hace de él lo que debe llegar a ser, así se distingue a los líderes genuinos que transforman gente ordinaria y aparentemente sin valor en seres superiores, que hacen de su propia vida una obra magistral y extraordinaria.

CUANDO EL JEFE ES EMOCIONALMENTE INTELIGENTE

La “VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo” desvela que un 17% de los trabajadores no recibe ayuda de sus superiores cuando la solicita, que un 10% señala como muy molesto y preocupante la relación que tiene con su jefe, y que casi un 3% (un 3,4% en el caso específico de las mujeres) manifiesta haber sido objeto en los últimos 12 meses de conductas de acoso psicológico por parte de sus superiores. Estos últimos, dicen que esta exposición a conductas de acoso psicológico han derivado en una sintomatología cuyas señales más destacables son: insomnio, sensación continua de cansancio, dolores de cabeza, mareos, dificultad para concentrarse, bajo estado de ánimo, y un ramillete más de síntomas indeseables. Pareciera que nuestra felicidad depende en gran medida de la relación con nuestros jefes.

Es necesario reseñar también que un clima laboral negativo, repercute en los beneficios, haciendo mermar la cuenta de beneficios. Está extendida la creencia de que son los líderes agresivos, engreídos y arrogantes los más exitosos. Éxito de jefes asociado a su capacidad autoritaria del que por todos los lados nos llegan noticias.

Sin embargo esto parece que está en cuestión, ya que cada vez hay más estudios que aseguran que si el líder tiene un estilo emocional positivo, y por lo tanto genera un clima de trabajo armonioso, la cuenta de beneficios es mayor, puesto que los trabajadores, lejos de dar sólo lo que se les pide, ofrecen lo mejor de ellos mismos, en el desarrollo óptimo de sus funciones.

Sí, a la inversa, a los trabajadores les desagrada el trato que les da su jefe, se sienten a disgusto en su puesto de trabajo, tienen miedo a relacionarse o a pedir lo que necesitan, se van a limitar a cumplir estrictamente con su función, lo que a la larga, acaba resultando desventajoso para la compañía. Jefes que no saben gestionar adecuadamente sus emociones, por ejemplo su rabia, y explotan a menudo y con relativa facilidad, pueden generar la ansiedad de los trabajadores que tienen a su cargo, lo cual, irrebatiblemente, acaba repercutiendo en los resultados comerciales de la empresa que administran.

La principal diferencia existente entre superiores o líderes emocionalmente inteligentes y aquellos otros que no lo son, no es que aquellos tiene más habilidades técnicas, más conocimientos, mejor currículo académico, o mayor coeficiente intelectual; la diferencia, es el modo en que gestionan sus emociones y las relaciones, su capacidad para empatizar con sus trabajadores, de motivar al grupo, de perseverar en el trabajo, y sobre todo son jefes que articulan todos los valores compartidos por la plantilla, con el objetivo de que sus integrantes encuentren un significado a su trabajo, ya que encontrarlo es el principal factor de protección del estrés y sus síntomas. A este respecto señalamos que la encuesta a la que hemos hecho referencia anteriormente, señala que el 28% de los trabajadores dicen tener afectada su salud por el estrés y más de un 6% por la depresión y el insomnio.

Todo aquello es lo que realmente los hace jefes estrella. Por lo que, cuando un jefe es emocionalmente inteligente, dedica más tiempo a conocer mejor a los trabajadores, a entablar relaciones armoniosas entre sus empleados y a cooperar con ellos. Un líder que optimiza sus recursos, toma sus decisiones teniendo en cuenta el mayor número de puntos de vista (lo que no significa renunciar a la autoridad inherente a su puesto), ya que la decisión resultante tendrá un impacto mucho más efectivo. Un jefe emocionalmente inteligente conoce la humildad.

Culturalmente, asociamos las labores de los jefes, al mal carácter y a estrategias directivas basadas en el ordeno y mando, y así a menudo nos enfrentamos a jefes narcisistas que parecen sentirse queridos y adulados por el mundo en general, y cuya principal desventaja de ser un trabajador a sus órdenes, pudiera ser la gran cantidad de agravios que tienes que soportar debido a su carácter aborrecible e inconsistente. Mejor no describir cómo actúa los días que no se siente adulado por su particular universo.

Por todo ello, a nadie más que a un líder se le puede pedir una correcta gestión de sus emociones.

 

Dionisio Contreras Casado Educador Social. Experto en Drogodependencias. Formador de Inteligencia Emocional.

CUANDO EL GERENTE ES LIDER

¿Cómo saber cuando el gerente es líder?

En toda organización de cualquier ámbito, el desempeño  y sus resultados, dependen en gran medida de una “cabeza de organización” es decir de su(s) gerente(s), esa persona encargada de señalar el rumbo de dicha empresa.

El gerente que prevalece y enrumba  su organización hacia el éxito de forma eficiente es aquel que desarrolla competencias propias más allá de una gerencia o una jefatura, en este caso hablamos de características de liderazgo las cuales van enfocadas a una autogestión eficaz, además de formar relaciones más empáticas tanto con sus colaboradores como con el contexto en el cual se desarrolla. Para esto, es importante siempre estar a la vanguardia para  permanecer actualizado con  respecto al comportamiento general del mercado.

El Coaching Ejecutivo es una moderna herramienta  que perfectamente ayuda a cualquier gerente a potencializar sus competencias gerenciales desde la perspectiva de un líder, ayudándole a reencontrar esa parte humana que la cotidianeidad  en cierto momento robotizó, además de ayudarle a focalizar sus objetivos y emprender un plan de acción basado en su propio compromiso,  desarrollando competencias gerenciales  como una adecuada forma de comunicarse; cómo transmitir la misión y visión de la empresa, cómo mantener un equilibrio óptimo entre trabajo y vida personal, patrones de comportamiento que bloqueen alcanzar rápidamente las metas, son sólo algunas de las áreas de intervención por parte de un Coach Ejecutivo.

Para que un rol de liderazgo se ejecute de manera  asertiva  debe desarrollarse   el “nivel de influencia” del líder sobre  su equipo de trabajo. Por medio de un ejemplo digno de ser copiado, los colaboradores forman equipos de trabajo altamente efectivos y asertivos; equipos motivados y comprometidos con la cultura organizacional de la empresa a la cual representan, asumiendo e internalizando códigos de comportamiento tanto dentro como fuera de su lugar de trabajo, desarrollando también  formas correctas de comunicación y relaciones firmes y más humanas.

Es muy importante que el líder  sepa delegar funciones, reconociendo sus propias debilidades o carencias, depositando confianza y responsabilidad en sus colaboradores. De esta forma el gerente puede enfocar su gestión en las estrategias, creatividad en implementación, resolución de conflictos; y otros temas como la motivación en los colaboradores, estudiar el comportamiento de la competencia y el contexto en general y analizar  nuevas oportunidades de crecimiento entre otras. Por otro lado, los otros integrantes del equipo se concentran en su labor, produciendo  que saquen lo mejor de sí mismos y se incentiven y motiven.

Es evidente que el desempeño de dicha “cabeza de organización” requiere de una constante autoevaluación además  de evaluación por parte de su equipo de trabajo,  con metodologías puntuales como un 360°, pues es muy importante  tener una retroalimentación desde varias perspectivas para poder visualizar mejor las oportunidades de mejora.

Podríamos concluir que un líder en primera instancia, se lidera a sí mismo para poder liderar a otros; y una vez que ha incorporado valores a su conducta diaria,  ésta, además de volverse habitual, se vuelve más creíble cuando tenga que influir en otros y por consecuencia los demás copiarán ese ejemplo. Por último, cuando exista una  sinergia entre el líder y los demás colaboradores, el destino es conjuntar esfuerzos para alcanzar metas y objetivos por medio de un plan de equipo en el cual, cada elemento es igual de importante para que el “barco” navegue de forma alineada, y de esta forma se desarrolla  como un equipo altamente efectivo y  competitivo.

En todo este proceso, que inicia de adentro hacia afuera en el gerente que decide ser también líder, el Coaching Ejecutivo, es un elemento indispensable que brinda grandes probabilidades de generar resultados positivos hacia las metas y objetivos que sean sostenidos a lo largo del tiempo, e incidan directamente  en su equipo de trabajo y consecuentemente  en los clientes de la empresa y en los resultados de la misma, además del ámbito en que participa en general.

Christian Boyer es Coach Ejecutivo con amplia experiencia en Competencias Blandas para Gerentes, Desarrollo de Equipos,  Liderazgo, PNL, Inteligencia Emocional, Análisis Transaccional.